Cien años y un día

Un jueves como hoy, pero hace justamente cien años y un día, Albert Einstein presentaba su teoría formalizada en la última de las cuatro conferencias que durante el mes de noviembre había aceptado dar en la Academia Prusiana de Ciencias, en Gotinga. La conferencia llevaba por título: “Las ecuaciones del campo gravitacional”. Durante años había trabajado en ellas tras descubrir que las matemáticas no solo eran un instrumento esencial para modelizar la realidad física, sino que también eran una herramienta poderosísima para investigar y descubrir nuevas características ocultas de esa realidad.

En nuestros días, dentro de la vorágine informativa que gira en torno al terrorismo, a la crisis de los refugiados, a las próximas elecciones generales o a los éxitos y fracasos de ciertos equipos de fútbol, hasta los medios de comunicación más generalistas han hecho mención del centenario. Casi siempre en notas cortas y para explicar que gracias a la teoría de Einstein podemos disponer en nuestro móvil de un GPS muy preciso. Menos atención han prestado al hecho de que esa teoría trastocó nuestra concepción de la realidad, del mundo en que vivimos, del Universo. O es que quizá tampoco cambió tanto en nuestro ambiente.

Einstein estuvo en España unos años después de formular su teoría, en 1923. Según parece, fue recibido como una estrella de cine o como un deportista de élite. Dio conferencias en Barcelona, Zaragoza y Madrid, seguramente atendiendo a su compromiso con algunos científicos locales. Pero ni estos científicos ni, sobre todo, las fuerzas vivas, los políticos y nuestros líderes de opinión, hicieron mucho en aquel momento para aprovechar la visita de modo que sirviera para impulsar el espíritu científico e innovador en la universidad o en la sociedad españolas.

Tampoco han cambiado demasiado las cosas en la actualidad. La magia de internet permite que hoy sea accesible la relatividad general incluso para la gente no profesional pero con interés en la ciencia. Algunos blogs ofrecen divulgación de muy alta calidad. Pero muchos de nuestro mejores científicos están, cada vez más, trabajando fuera de nuestras fronteras. Y aquí, en nuestra España, las corrientes de opinión mayoritarias continúan enredadas en los problemas del día a día, ciegos para ver que, sobre todo, necesitamos mejorar nuestro conocimiento, desarrollar nuestras capacidades e impulsar , asignando los recursos necesarios, la educación de jóvenes y no tan jóvenes. Tal vez eso contribuiría más que ninguna otra iniciativa a resolver una buena parte de esos problemas.

Esperemos que no sean necesarios otros cien años para descubrirlo.

 

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